diciembre 03, 2009

Danzas en Torreón: Cada brinco, una bendición

Noviembre está llegando a su fin. Falta menos de un mes para conmemorar una de las fechas más emotivas e importantes para la gran mayoría de los laguneros. El día de la Virgen de Guadalupe. Las fiestas previas no se hacen esperar. Las calles comienzan a llenarse de peregrinos que buscan con fe, demostrar la enorme devoción que guardan hacía la milagrosa virgencita. Con el frío típico de diciembre, llegan también los cantos, las danzas, peregrinaciones y bailes, que se han convertido, desde hace más de 50 años, en una de las tradiciones más bellas en la región norte de nuestro país, y en la cual, por supuesto, Torreón y esa convicción de los laguneros que tanto los caracteriza, no podían dejar de participar.


La hora pico había quedado atrás. El reloj marcaba cinco minutos antes de las seis de la tarde, y en pleno jueves, cualquiera podría creer que transitar por el centro no conlleva mayos esfuerzo que el de encaminarse. Sin embargo, la gente no se sorprende, cuando descubre que la calle Juárez es albergue de decenas de puestos que esperan con ansias la llegada de las peregrinaciones. A lo lejos, se empiezan a asomar las redondas figuras de varios globos que vuelan por el cielo, con sus típicos colores amarillo y verde. Pam, pam, pam. Si escuchamos con atención, y bloqueamos por un momento el bullicio de la gente que se empieza a agrupar, podríamos escuchar el golpeteo de un tambor acompañado del armonioso sonido de las sonajas sacudiéndose. El ritmo nos empieza a hacer suyos, y poco a poco, nos envolvemos de la frescura de las resonancias. Cada vez la danza esta más cerca, cada vez, la cara de los presentes se llena de ansiedad ante la espera de los aclamados danzantes.


Han llegado. Después de avanzar más de 20 cuadras brincando y bailando, los danzantes han alcanzado su meta, y la satisfacción se hace presente en sus rostros. Su vestuario es muy característico, lleno de vivos colores, en su mayoría rojo y verde. Grandes penachos alegran el ambiente con las plumas y las lentejuelas. Los bordados de las telas, que hacen alusión a la Virgen, complementan el escenario perfecto. Algunos llevan en sus manos estandartes, otros llevan las típicas sonajas que alimentan el sonido. Los bailes varían, cada escenografía ofrece al espectador una visión diferente. La gran parte del tiempo, se forman filas o círculos alrededor de quien lleva el ritmo. El tamborero permanece al centro, no deja de tocar nunca. Algunos niños pequeños toman el papel de “diablitos”, ya hacen travesuras, ya presionan a los danzantes para que bailen bien.

No hay espacio para el cansancio, no hay lugar para el dolor, lo único que los hace continuar, que los mantiene en movimiento, que les permite dar un paso después del otro, es la enorme fe que guardan en sus corazones. Es el tremendo amor que llevan dentro, es la esperanza de que de alguna forma, puedan corresponder a los favores y bendiciones que a lo largo del año, la virgen les ha regalado. A pesar del frío, de las inclemencias del clima y del desaliento que les deja el desgaste de energía, lo único que pueden sudar, es confianza. Confianza en cumplir un cometido.


Conociendo los orígenes.

Las danzas, como tales, surgen desde la época de la conquista, cuando se hacían diferentes veneraciones a los dioses. En su mayoría, lo hacían de una forma similar a la que ahora representan con danzas: Bailando y creando sonidos para demostrar su devoción.
Con el paso del tiempo, este tipo de costumbre se quedó entre los mexicanos, amoldándose y evolucionando, sobreviviendo incluso a la colonización. A pesar de que se le implementaron algunos elementos católicos típicos de España, las danzas no perdieron su esencia, que era la adoración por medio del baile.


Las danzas en la Comarca Lagunera

De acuerdo con investigaciones previas por parte del Siglo de Torreón, y en base a las declaraciones por parte del padre Leobardo Bernal Caviedes, para el año de 1943 se dieron las primeras peregrinaciones en la región. La participación, en esos tiempos, como ahora, fue realmente considerada, alcanzando un aproximado de 2 mil gentes presentes. La mayoría eran pertenecientes al Mercado Alianza, principales organizadores del mencionado evento.

Desde entonces, la costumbre se ha hecho más fuerte, y ahora es típico que cada año, a partir del 22 de noviembre, las procesiones comiencen. El sistema es muy sencillo. Se hace un calendario donde diferentes familias, negocios, empresas o como gusten agruparse, son organizados y se les asigna determinada fecha para que puedan peregrinar.

Todo el mundo peregrina. Escuelas, instituciones políticas, establecimientos, comercios… La fe trasciende grupos sociales y estereotipos. En su mayoría, las personas se encargan de organizar a su gente y preparar una ofrenda para la Virgen: Comida, flores, arreglos, globos, medallas, objetos de valor sentimental… Debido a la demanda de gente que busca un lugar, la época de peregrinaciones inicia cada vez más pronto. En tiempos anteriores, la procesión era exclusivamente el día de la virgen, pero ahora, todo debe comenzar desde noviembre.

En días como estos, la iglesia de Guadalupe, lugar al que arriban los caminantes, se encuentra más viva que nunca, y el espacio apenas es suficiente para guardar todo aquello que los feligreses le hacen llegar a la Virgen. Después de preparar su ofrenda, los fieles se encaminan por toda la calle Juárez, desde la Alameda, que es el punto de reunión. Al frente de la peregrinación va un carro de sonido, para que se pueda ir rezando el rosario. Después, los participantes se enfilan y con velas comienzan su larga caminata. Por último, los danzantes hacen acto de presencia, dándole el toque colorido al evento. A la llegada a la iglesia, se entregan las ofrendas preparadas. Mucha gente se queda a misa, otra tanta parte apresurada.

Danzando en la actualidad: Crisis e inseguridad

Las diferentes problemáticas sociales que se viven actualmente, afectan de manera significativa nuestro modo de vida y nuestras actividades sociales. Las procesiones no podían quedar ajenas a este tipo de conflictos, y hemos visto con tristeza como han sido una víctima más de la inseguridad que se vive, y de la crisis por la que el país esta pasando.

De cierta manera, peregrinar sale caro, y en tiempos de austeridad, cualquier gasto ajeno a las necesidades básicas podría representar un desacomodo total de la economía de una familia. Además, es sabido por varios que las danzas se deben contratar. A pesar de que la mayoría de los danzantes no recibe una paga real por su labor, se hace necesaria cierta indemnización para el mantenimiento y adquisición de sus vestimentas. Entonces, de alguna manera, es un gasto extra que se debe contemplar. Además, la mayoría de la gente acostumbra entregar reliquia como otra muestra de agradecimiento y por ese lado también se ve afectada la economía.

Pero de cualquier forma, el lagunero tiene un corazón muy grande, y no importa los sacrificios que tenga que hacer, siempre encuentra la manera de salir adelante y poder agradecer a la Virgen por todas las bendiciones. Porque a final de cuentas: “Dios proveerá”

Por otro lado, la inseguridad. Hace apenas un par de semanas, las danzas se vieron afectadas de manera significativa. Se habló incluso de cancelarlas por este año. Un grave conflicto que tuvo lugar en las calles del centro de la ciudad, y en plena procesión, infundió en la gente el pánico y temor para volver a salir. Nadie sabe a ciencia cierta que pasó, ni quienes fueron los involucrados, sólo se sabe que un grupo armado desató tremenda balacera, donde afortunadamente, nadie resultó herido, sin embargo, el miedo queda.

Se sabe de antemano que la ciudad de Torreón no es la más segura de la zona norte del país, y que, específicamente, la zona centro de la ciudad, que es precisamente donde se llevan a cabo este tipo de actividades, ha sido castigada por el dolor de la delincuencia. Pese a esto, la fe prevalece en los ciudadanos laguneros, quienes en lugar de ver una traba en este tipo se sucesos, ven un motivo más para seguir adelante, para poder rescatar, con rezos y fe, la tranquilidad que decenas de políticos involucrados en el gobierno no han podido rescatar. Porque en muchos de los casos, ante este tipo de incertidumbres, lo único que nos queda es creer. Creer para sobrevivir, creer independientemente de lo fácil o difícil que resulte. Rescatar un poco de la esperanza que pueda llegar a quedarnos. Porque mucha gente, sigue guardando un poco de luz, y la proyecta hacía el camino de el amor a la Virgen, y lo demuestran con las danzas y peregrinaciones típicas del mes. Que dure más.

1 comentario:

ogg dijo...

Muy buen análisis, la Fé del pueblo es la fortaleza en estos tiempos de insertidumbre, zozobra e inseguridad. La tradición continua y México sigue de pie.